miércoles, 11 de abril de 2012

Sobre los usuarios de los servicios holísticos de salud

Con la experiencia que da trabajar durante un tiempo razonable en un área tan concreta y especial, como es un consulta terapéutica de salud holística, aprendes que no por estar estos servicios al alcance de todos, son válidos, por realmente útiles, para todos. El usuario -permitirme que lo llame así y no paciente, por la habitual ausencia de tal virtud entre los usuarios, y tampoco cliente, por la fría y, a mi parecer, falsa asunción de que se trata de un mero intercambio de servicios con una retribución económica a mi favor, ya que siento que se aporta algo más que eso en el transcurso de la terapia- en la particularidad de sus necesidades, representa en la consulta el compendio de sus condicionamientos personales, familiares y culturales, llenos de juicios y prejuicios, a favor y en contra.

Las consultas de terapias alternativas, son lugares comunes de encuentro y desencuentro, según el nivel de conocimiento o de desconocimiento del usuario, de los principios en los que las mísmas se basan, que resumiré en dos: participatividad y apertura. Participatividad, entendida como la necesaria e inefable contribución de cada quién en su proceso de recuperación de la salud, más allá del disciplinado seguimiento de una pauta de consultas y de la toma rigurosa de los remedios indicados, para que pueda interactuar con el terapeuta en un estimulante camino acompañado de superación de las propias dificultades de relación consigo mísm@ y con los demás, causa última de lo que conocemos como enfermedad. Y Apertura, entendida como la capacidad que podemos desarrollar o que podemos darnos permiso para aprender algo de nosotros mísm@s a través del  proceso terapéutico de, ya no sólo curación, sino de sanación, transformando nuestra forma de vernos y entendernos y, por ende, de ver y entender el mundo que nos rodea.

Fuera de este enfoque holístico, queda la nociva cultura de la socorrida pastilla salvadora y solucionadora de nuestros molestos síntomas; el consejo terapéutico paternalista, que asume la responsabilidad sobre nuestra salud mientras nos sirve y que transformamos en culpabilización cuando no; el ver los síntomas como enfermedades y no como avisos oportunos de sus causas, el curar antes de prevenir, el curar sin sanar. Premisas asumibles para unos y poco o nada para otros. Ahí es donde se depuran las cuotas de éxito o fracaso de la terapia, desde una visión de ésta superficial. No me cabe duda, de que en mayor o menor medida, todos sacan algo positivo de su experiencia en la terapia holística. Unos para curar, otros para sanar. Unos para no curar y decir ante sí mísmos o ante otros, que lo intentaron sin suerte. Para cada quien, su propia enseñanza en algún nivel de conciencia. Para algunos una enseñanza consciente, provechosa para crecer como personas en el marco de la realización de sus vidas. Para otros una enseñanza inconsciente, quizás semilla ulterior de una apertura de conciencia surgida del nacimiento de un hijo, de una separación, de la muerte de un ser querido o de una "inoportuna" enfermedad, cuyo curso resulta desalentador y necesitamos hacer "algo más" o probar un "enfoque nuevo". Ojalá.