martes, 28 de agosto de 2012

El Cambio social en el actual marco mundial: una visión terapéutica

Me imagino que el mundo entra en mi consulta, encarnado en alguien, un ciudadano más. Alguien que vive en este mundo lleno de ajustes y reajustes, lleno de desequilibrios, de ricos y pobres, de noticias interesadas, de informaciones especulativas, de mucha gente descontenta, de mucha gente desorientada, de mucha gente temerosa, de mucha gente desanimada. Escuchamos muchas palabras como un mantram: recesión, especulación, prevaricación, inflacción... Muchas palabras esgrimidas por pocos y que afectan a muchos. Mi nuevo paciente, está deprimido. Está afectado por la creencia del que ha perdido su estado de bien-estar. Refiere que sus recursos económicos disminuyen, sin saber muy bien el porqué. Está desanimado por las pésimas perspectivas que escucha aquí y allá. Tiene miedo, mucho miedo, porque no sabe qué va a ser de él. Sólo le apetece dormir y cuando está despierto, pasa el mayor tiempo posible evadiéndose con todo lo que tiene a su alcance, que no es poco. Mi paciente ignora cuánta energía invierte en evadirse. Ignora cuánto pordría hacer con ella, bien canalizada. Ignora que es víctima de su propia ignorancia. Se abandona a sí mísmo y a las circunstacias, esperando de forma pasiva a que cambien favorablemente. Mi paciente rehuye levantar la voz y expresarse. Rehuye participar del creciente murmullo social de los que no se conforman con lo que les dictan los que están velando por los intereses de todos, siempre que no perjudique los beneficios de unos pocos. Mi paciente, desde el miedo a expresarse, recela, le da miedo los cambios, que éstos no le favorezcan.. Yo le pregunto.. ¿imagina que puedes tan sólo expresar lo que piensas? o si eso es demasiado.. ¿imagina que puedes escuchar a otros y encontrar en sus palabras, sólamente el reflejo de las tuyas?.. e imagina, que quizás eso te anime a expresar también tus palabras. Imagina que eso incita en tí, un cambio pequeño, el de sentirte en sintonía con el sentir de otros que piensan como tú. Imagina que el cambio que deseas para todo y para todos, empieza en tí, en tu expresión como ciudadano y como ser humano. Mi paciente, empieza a escuchar y también a expresar tímidamente su sentir y su pensar. Algo ya ha cambiado en él. Ya no siente el malestar inicial, aun dentro de que las circunstancias no han cambiado en absoluto. Pero siente que se puede manifestar ante ellas, en vez de callar o ignorarlas. Siente que tiene voz y también voto y quizás algo más. Con el tiempo, mi paciente evoluciona, participa de iniciativas sociales con las que se siente a gusto, junto a otros ciudadanos que también dudaron, que también penaron, que también temieron. Ya no se siente deprimido. Siente que puede hacer algo para cambiar las cosas, porque se siente capaz de expresar sus necesidades, reclamar sus derechos sin temor, incluso de luchar por ellos con decisión. Con él, hay otros que también cambiaron su forma de verse en este mundo, ya no como ciudadanos pasivos y sumisos por el miedo, sino como seres humanos que tratan de comprometerse con lo que cada uno puede hacer para que este mundo cada vez, sea un lugar más equilibrado, más digno, más humano.. Quizás, las palabras más escuchadas en ese entonces, a modo de mantram, sean: solidaridad, equidad, amor, transparencia, participatividad, creatividad, asertividad, libertad...

martes, 12 de junio de 2012

El proceso terapéutico del Cambio

Es emocionante la entrada de una persona en una consulta holística. En su cara se escriben sutilmente los miedos, incertidumbres, preocupaciones y expectativas... y en algún lugar de su mirada, la esperanza. Para mí, son todos y todas, personas valientes. Personas que pese a sus temores, recelos o incertezas, dan el paso y llaman (en el mejor de los casos) para pedir cita y acudir el día de consulta con la determinación de poner fin a sus dolencias, a sus malestares. Es entonces, cuando la consulta holística les recibe con toda la calidez y humanidad que me es posible dar. La escucha atenta, la amabilidad, el respeto, empiezan a ser los primeros compañeros de viaje de ese Ser que tuvo el Valor de pedir ayuda. La soledad e incomprensión en que se ve sumida esa persona, empiezan a recibir compañía y comprensión; empieza a ser escuchada, quizás se permitió por primera vez hablar de esa manera. Surge la magia de la confianza, la energía de lo que está hecho el vínculo terapéutico. Surge un diálogo desde el corazón, desde donde los seres humanos se comprenden sin juicios ni prejuicios; desde donde se puede ayudar y recibir ayuda, y los problemas se abren a las soluciones. Ahí empieza el proceso terapéutico de recuperación de la salud en paralelo a otro que ya existía previamente de enfermedad. La enfermedad, entendida como vacío o plenitud, como lo que te falta o te sobra, empieza a tener algo más que un nombre o un rótulo con el que, ojalá no, identificarse; sino que empieza a perfilarse como algo comprensible, que tiene sentido en el contexto de la existencia de la persona, porque eso es finalmente lo que es una enfermedad, un momento en el que algo ha perdido el sentido de ser en nosotros, que se desidentifica de nosotros y a lo que necesitamos poner un nombre distinto al nuestro para alejarnos de ello y no formar parte de un dolor o malestar que no aceptamos como propio. Ahí empieza el proceso del cambio de la persona, su sanación, su despertar al mundo de las causas, más allá de los espejismos de sus efectos, los síntomas. Ahí el paciente abre los ojos, para empezar a verse a sí mismo y a los demás, de forma distinta. Empieza a dejar atrás la primera venda, la ignorancia. Sabía que le pasaba algo, pero trataba de abstraerse de ello, mantenerlo lo más lejos posible de su cotidianidad, para aparentar normalidad, funcionalidad, salud. Ahora sabe que no puede seguir ignorando lo que le pasa. Sabe que tiene que actuar y desde la consulta holística, se le invita a no ser mero espectador, incomprendido, de eso que le pasa, incomprensible. Se le invita, tras comprender lo que le sucede, a participar en su proceso de recuperación de forma activa, sensibilizándolo sobre la importancia capital de que ello sea así, porque ¿qué verdadera solución es aquella de la que no somos conscientes y no participamos de ella?; seguramente de una que permite que el problema reaparezca, porque no aprendimos el porqué y el para qué de su presencia en nuestra vida. Participar de nuestra recuperación, implica atención y responsabilidad, dos aspectos negados cuando enfermamos. Ahora atendemos las recomendaciones, los ritmos, las pautas; las comprendemos, las respetamos y las asumimos como propias, porque las reconoce nuestro Ser como propias, por el bienestar que va abriéndose paso en nuestra percepción de nuestro estado global. Ya estamos en el camino del cambio, donde percibirnos diferentes y que nos perciban diferentes, donde empezar a ser más nosotros mismos, donde pasar del personaje a la persona, donde dejar de ser enfermos a ser aprendices. Ese es el compromiso que acepta el paciente en una consulta holística; ese es su derecho, su privilegio, su necesidad.. saber, implicarse, responsabilizarse, trabajar en su bienestar. 
Al final de ese proceso, me siento emocionadamente, un privilegiado yo también, por acompañar a un ser humano por ese sinuoso camino que va de la ignorancia al conocimento y aprendizaje y que, en última instancia, me permite seguir aprendiendo y evolucionando. Gracias a vosotros. 
Salud Consciente a todos.  

miércoles, 11 de abril de 2012

Sobre los usuarios de los servicios holísticos de salud

Con la experiencia que da trabajar durante un tiempo razonable en un área tan concreta y especial, como es un consulta terapéutica de salud holística, aprendes que no por estar estos servicios al alcance de todos, son válidos, por realmente útiles, para todos. El usuario -permitirme que lo llame así y no paciente, por la habitual ausencia de tal virtud entre los usuarios, y tampoco cliente, por la fría y, a mi parecer, falsa asunción de que se trata de un mero intercambio de servicios con una retribución económica a mi favor, ya que siento que se aporta algo más que eso en el transcurso de la terapia- en la particularidad de sus necesidades, representa en la consulta el compendio de sus condicionamientos personales, familiares y culturales, llenos de juicios y prejuicios, a favor y en contra.

Las consultas de terapias alternativas, son lugares comunes de encuentro y desencuentro, según el nivel de conocimiento o de desconocimiento del usuario, de los principios en los que las mísmas se basan, que resumiré en dos: participatividad y apertura. Participatividad, entendida como la necesaria e inefable contribución de cada quién en su proceso de recuperación de la salud, más allá del disciplinado seguimiento de una pauta de consultas y de la toma rigurosa de los remedios indicados, para que pueda interactuar con el terapeuta en un estimulante camino acompañado de superación de las propias dificultades de relación consigo mísm@ y con los demás, causa última de lo que conocemos como enfermedad. Y Apertura, entendida como la capacidad que podemos desarrollar o que podemos darnos permiso para aprender algo de nosotros mísm@s a través del  proceso terapéutico de, ya no sólo curación, sino de sanación, transformando nuestra forma de vernos y entendernos y, por ende, de ver y entender el mundo que nos rodea.

Fuera de este enfoque holístico, queda la nociva cultura de la socorrida pastilla salvadora y solucionadora de nuestros molestos síntomas; el consejo terapéutico paternalista, que asume la responsabilidad sobre nuestra salud mientras nos sirve y que transformamos en culpabilización cuando no; el ver los síntomas como enfermedades y no como avisos oportunos de sus causas, el curar antes de prevenir, el curar sin sanar. Premisas asumibles para unos y poco o nada para otros. Ahí es donde se depuran las cuotas de éxito o fracaso de la terapia, desde una visión de ésta superficial. No me cabe duda, de que en mayor o menor medida, todos sacan algo positivo de su experiencia en la terapia holística. Unos para curar, otros para sanar. Unos para no curar y decir ante sí mísmos o ante otros, que lo intentaron sin suerte. Para cada quien, su propia enseñanza en algún nivel de conciencia. Para algunos una enseñanza consciente, provechosa para crecer como personas en el marco de la realización de sus vidas. Para otros una enseñanza inconsciente, quizás semilla ulterior de una apertura de conciencia surgida del nacimiento de un hijo, de una separación, de la muerte de un ser querido o de una "inoportuna" enfermedad, cuyo curso resulta desalentador y necesitamos hacer "algo más" o probar un "enfoque nuevo". Ojalá.

sábado, 7 de enero de 2012

LAS TERAPIAS (7): MI ENFOQUE NUTRICIONAL

Sobre nutrición se ha dicho, se dice y se dirá siempre mucho por muchos. Tantos enfoques como tantas escuelas o filosofías de vida. Hay un enfoque que pretende ser científico, el que aprendemos los nutricionistas en las Universidades. Y otros enfoques, digamos, basados en otras evidencias o sensibilidades. Mi enfoque se nutre del saber académico, del saber de las tradiciones ancestrales y de mi experiencia de una década de trabajo en este campo. Tras ese tiempo, sé que las correcciones dietéticas no entienden de recetas universales para todas las personas y que, por el contrario, deben ser personalizadas, basadas en los cambios de hábitos más que en dietas estandar o milagrosas. Cada persona tiene una peculiar visión de su alimentación que debe ser comprendida, respetada y reeducada adecuadamente en aquellos aspectos a rectificar para lograr un objetivo nutricional o dietético. Esa es una de las claves para que la dietoterapia tenga el mayor seguimiento posible por el paciente, que no pocas veces, desoye los consejos en este terreno, por ser la alimentación, la de cada uno en particular, un ámbito cuasi-sagrado que es difícil modificar, no sin una buena dosis de respeto y concienciación.
Dicho lo cual, la dietoterapia, está detrás de casi cualquier trastorno de la salud, tanto en su causa como en su tratamiento. De hecho, es raro no hacer un apunte en consulta, sea cual sea el cuadro patológico a tratar. A veces, simplemente la corrección de un hábito alimentario; otras veces, la sugerencia de tomarse dosis adicionales de algún micronutriente (mineral); y otras, la de incorporar en la dieta algún alimento bien llamado en algunos círculos, "alimento medicinal".
En los tratamientos de adelgazamiento, trato de huir de dietas y ayudo a las personas con sencillos y progresivos cambios de hábitos, reeducación alimentaria y, en su caso, tratamiento de la llamada "ansiedad por comer" apoyado por la acupuntura.