Cuando hablamos de enfermedad, ¿de qué hablamos exactamente? He escrito "enfermedad" en el buscador de Google y me salen multitud de páginas. Busco lo que dice la OMS (Organización Mundial de la Salud) y la define en términos de desviación de la fisiología, referida al conjunto de las funciones del cuerpo humano. Y las funciones, hablan del movimiento de los órganos y tejidos. Pero, una persona es mucho más que un grupo de órganos y tejidos que se mueven. De hecho, ¿porqué se mueven?. En la antiguedad, uno de los mayores referentes en medicina clásica, Galeno, definía la fisiología como los espíritus (spiritus) que hacen que los órganos funcionen. Estos espíritus, la materia sutil que aporta vida a unos tejidos inanimados por sí mismos, se corresponden con las tres almas o psychés como acuñó Aristóteles, término que a la postre, daría nombre a la psicología (etimológicamente, estudio del alma). De esta manera, se deduce como ya se afirmaba también desde la medicina clásica oriental, que son los estados de ánimo y los humores lo que están en el origen de la enfermedad. Esos estados de ánimo y humores, se corresponden, según el paradigma oriental como Energía o Chi y en la medicina Ayurvédica como Prana. Términos que nos retrotraen a que el estado de salud, se correlaciona con el estado anímico-humoral o, lo que es lo mismo, con el estado energético. De ahí que la mente esté tan profundamente implicada en el origen y curso de las enfermedades, para mejorar o para empeorar.
Llegados al territorio de la mente, ésta de igual forma que ocurre con el cuerpo físico, tiene sus propios medios de regulación. Son los que dan nombre al tema que os presento: los arquetipos. Los Arquetipos son patrones de comportamiento interiorizados en nuestro inconsciente individual y colectivo. Por colectivo, entiéndase culturalmente, ya que nuestro ámbito cultural, influye de modo importante en nuestro comportamiento. Si el sistema de creencias culturalmente aceptado supone o no un estrés psicológico, es la clave de la regulación psicológica. Los Arquetipos nos enseñan formas de adaptarse a los reveses psicológicos. Nos enseñan a buscar dentro formas resolutivas de afrontar los retos por los que la psique de cada persona atraviesa a lo largo de su vida. Nos enseñan a confiar de nuevo tras haber dejado de hacerlo, a superar temores, a curar nuestras heridas psíquicas y dejar atrás comportamientos victimistas; a buscar salidas a los problemas, a comprometerse con personas o proyectos, a poner límites a los demás y acotar nuestra responsabilidad a lo que realmente nos compete; a saber renunciar a lo que ya no nos aporta en nuestra vida y a crear nuevas formas de vivir más adecuadas a quien unx es en cada momento; a ser de nuevo dueñxs de nuestra vida y encontrar en ella la forma de materializar nuestros sueños e inquietudes; finalmente, a aprender a diferenciar lo intrascendente de lo esencial y recuperar, si se ha perdido, las ganas de sonreír, el sentido del humor, que es el humor que más sentido podemos encontrar para nuestros malestares. Reírse de unx mismx, con la vida, con todo. La risa, la expresión de la alegría, como cualquier emoción, está llena de energía, pero de una que es capaz de acompañar en nuestro camino que va desde el malestar al bienestar. El tipo de energía que justifica este camino de búsqueda y encuentro de la misma alegría, el gran arquetipo de salud.
Como terapeuta, acompaño en este camino a quienes quieren recorrerlo. Lo conozco, reconozco algunos de sus desvíos, ya que todos no se pueden reconocer hasta que no se pasa por ellos. Enseño a reconocer sus trampas, donde unx se estanca, enseño a encontrarse cuando unx se siente perdidx. Y sobre todo, enseñó a caminarlo, a pesar de ser desconocido y precisamente porque lo conocido ya no es suficiente para estar bien.
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